Desapegares
Ejercicios del adiós
Un recorrido por el espacio anacrónico que albergó la cotidianidad de cuatro generaciones, intervenido con acciones que procuran mitigar el dolor del fin.
(6 acciones / ejercicios, abajo descritos).
Series presents
8 Shadow box pieces with photomontage + 3d objects (one is a 3-part and another a two-part)
5 small glassed boxes with drawing and photomontage
Desapegares
Es un conjunto de ejercicios a través de los cuales intento recoger y procesar la emotividad y el desgarre de la pérdida. En este caso, de mi pérdida de los abuelos y por consecuencia, también del contexto palpable que tejieron en este edificio Yomitín, un proyecto de vida que llegó a ser epicentro físico y albergue de la cotidianidad de cuatro generaciones. A través de acciones que procuran combatir el desvanecimiento del ayer, busco conservar la memoria sutil y sensorial de una tribu familiar compleja, que se disipa junto a las paredes del espacio que la contuvo.
Todo en un momento. DESPEDIRES
Se van los cuerpos. Se llora. Se abraza. Se crema. Se va a la misa. Se canta. Se come. Se cuentan cosas del ayer. Se recuerda con anécdotas ya mutadas. Y el espacio, que le ha servido como de jarra al tiempo y que ha sido testigo de las miles de conversaciones, celebraciones, tristezas, nostalgias, enfermedades, juegos y nimiedades, permanece callado. Y ahora se transforma en la ausencia. Que es lo único que queda y que habla desde el silencio.
La pieza consiste en un video tomado durante el encuentro familiar seguido al sepelio, en el apartamento de los abuelos fallecidos, y luego presentada de manera minuciosa adentro del aparador. Intenta evocar cómo en un instante, se puede “sentir” toda una vida, y su ausencia.
Tejidos de dos vidas. ENTRELAZARES
Tejo los recuerdos, las voces, las épocas. Recorro las paredes, las texturas y los muebles. Sobo todo. Taciturna pero en paz. Honro todo aquello que fue lo mejor que pudo ser. Me contraigo. Me libero. Continúo. Pienso en estas vidas entrelazadas, recorriendo... haciendo pausas y sufriendo interrupciones por súbitos y cataclísmicos sucesos, para luego volver a la rutina llena de micro-sucesos sin trascendencia visible. 74 años son 27,010 días. Eso pasaron juntos. Y casi todo pasó aquí. En Yomitín.
La pieza como tal es el proceso de 4 días colocando una “pareja” de hilos desde el timbre en planta baja del edificio Yomitín, hasta el apartamento de los abuelos y atravesando cada uno de sus espacios, hasta volver a llegar a la misma puerta.
El miedo a perder los olores. CONSERVARES
¿Cómo dejar ir este olor de infancia y hogar? ¿Cómo inhalarlo suficiente para despedirlo? Cómo no volver a encontrar esas tijeras con patrones de Toledo y ese costurero amarillo, que junto a los platos de gelatina y al armario de la plancha me recuerdan a la señora Adela, a la borrosa imagen de la Tita, y de lejos a un “ay, qué bueno”. Quiero seguir metiendo las narices entre la ropa húmeda y limpia del tendedero, escuchar el sonido de la puerta de la entrada, la televisión con Chespirito o Cocinemos con Rosita. Pero no me queda mucho más que oler este clóset. Una vez más.
La pieza como tal fue la breve acción de “clausurar” el clóset con un tape, para prevenir la salida de los olores del clóset, y poder con el olfato recordar a los abuelos. La documentación fue presentada en miniatura, adentro del clóset con sólo un pequeño espacio para “asomarse con la nariz”.
Audios de la cotidianidad. CONVERSARES
En los últimos años de la vida de Payun y Mamá Illa, quienes engañaban constante e involuntariamente sobre su posible partida, capturé miles de minutos de conversaciones, poemas, canciones, sin conocer el destino que les esperaba. Me basta hoy escuchar murmurares y trozos, de ese día a día de su largo envejecer. Los guardo cerca. Los tengo. Todo lo que me dijeron me acompaña. Todo lo que me quisieron y los quise, permanece. Su más allá, es aquí. En mi alma. Aún los siento conversarme y sin intentar, revivo las tardes compartidas con ellos y con este radio de casi medio siglo.
La pieza consiste en un collage de audios de mis abuelos conversando, emitido desde el radio que compartían por décadas. Si bien el audio no tiene secuencia ni continuidad, da una clara sensación de cotidianidad y convivencia.
Apegos de cada quien. REPARTIRES
Recuerdo los cubiertos, la japonesita de porcelana. Otros recuerdan el pisa-papel del planeta tierra, o el Agua de Florida. El porta-chapa de mi abuela o el cristal del centro del comedor. Alguno añorará la línea telefónica 223-3200, y otros la textura de la fórmica de la cocina. Habrá quien quiera volver a sentarse en el sillón de las siestas, o quienes deseen olvidar todo lo malo y recordar sólo los días felices de la terraza en fiesta. Yo me quedo con el sudor de tarde, el traje azul y un hueco en el alma. Y a cada uno, le obsequio un cofre para que atesore aquello con lo que quiera intentar, seguramente sin éxito, llenar el vacío.
La pieza consiste en un video en el que cada uno de los cuatro hijos narra sobre la partida de los padres, acompañado por una caja que representa a cada miembro de la familia, y dentro de la cual hay objetos cotidianos que tras la partida, adquieren un valor sentimental y espiritual más enmarcable que un cuadro o fotografía.
Acciones de desmantelamiento. DESVANECERES
Se bajan los cuadros, se quitan los manteles, se vacía la nevera. Todo se va repartiendo, se dona, se guarda, se archiva, se recoloca, se desecha. Así se cierra el capítulo de vida de cualquier pareja común de ancianos. Pero estos ancianos... estos son los míos. Y tengo que sobar estas postales.Y dejar que el aire de este espacio que se disuelve, me vuelva a apretar el pecho por dentro. Porque fue el mismo de mis abuelos, de mis padres, de mis tíos y mis primos. El de aquellos que me hicieron creer hasta pasada mi adolescencia, que a todo el mundo en el mundo alguien lo quería. Que el amor era algo con lo que se nacía.
La pieza consistió en el ejercicio de desmantelar todas las áreas comunes de la casa (sala, comedor), a fin de “ver y sentir” la casa SIN sus elementos y vivir el “shock” del vacío, para luego colocar todo en su lugar como ejercicio de apego y desapego.